- La Vía Láctea vista desde nuestro pequeño planeta.
jueves, 5 de noviembre de 2009
40.000 Planetas en nuestra Galaxia pudieran tener Vida
El astrofísico Duncan Forgan creó un programa computacional que relacionó la información que tenemos de alrededor de 330 planetas y calculó la proporción que tendría condiciones aptas para la vida. El cálculo tomó en cuenta factores como la temperatura y la disponibilidad de agua y minerales. Esta información fue entonces extrapolada a nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Debido a que hay planetas mucho más viejos que el nuestro, el Sr. Forgan considera que debe haber especies al menos tan avanzadas como nosotros. Dentro de los resultados de su estudio, se calcula que debe haber cerca de 40,000 planetas con condiciones aptas para la vida, y estima que existen alrededor de 350 civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia.
Vía libre para medicamentos no AUTORIZADOS en España...
Con el Real Decreto 1015/2009, recientemente publicado en el BOE (descarga aqui), se abre la veda para que España se convierta en un campo de “conejillos de Indias“.donde se pueda experimentar con fármacos y vacunas no autorizadas, y por lo tanto dañinas o de dudosas consecuencias para la salud, sobre cualquier persona. Además explicitamente se eximen de cualquier responsabilidad por ello.
La Economía Española a FONDO ¡¡¡
Condenados a la rebaja salarial o a la emigración. Ante la imposibilidad de un cambio a corto plazo del anquilosado modelo productivo español, la “devaluación interna”, a decir de Krugman, se vislumbra como la única salida de la recesión ante el “chaleco de fuerza” que supone el euro, cuya devaluación se antoja harto improbable. ¿Ha sido el euro beneficioso para España? ¿Qué sucedería si España saliera del euro y se refugiara en una devaluada peseta?
La crisis económica, que ha hecho de España una de sus víctimas propiciatorias, ha abierto el debate sobre la conveniencia de permanecer dentro de la moneda única europea. El premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, -que no considera en ningún caso la salida de España del euro- ya apuntaba en un artículo el pasado enero que la pertenencia a la moneda común estaba resultando perjudicial para nuestro país.
Esta semana, el economista estadounidense incidió en la misma cuestión al señalar que el euro “plantea problemas graves para regiones deprimidas de Europa como España”. Krugman redujo las alternativas para España a una sola: una fuerte “devaluación interna”, con recortes de salarios y precios.
Existe otra posibilidad: el abandono del euro y someter la nueva moneda a una devaluación competitiva. La salida del euro sería una catástrofe para España. Roberto Ruiz, jefe de Estrategia de Wealth Management Research de UBS se muestra contundente. Ni siquiera una devaluación competitiva de la moneda surtiría el efecto deseado de reactivación de las importaciones. La salida de la divisa única tendría que hacerse de manera unilateral ya que, como recuerda el responsable de UBS, “no hay ningún mecanismo que permita a ningún país ser expulsado del euro”.
Ganar competitividad es el único argumento para el abandono de la moneda europea. Sin embargo, el panorama resulta sombrío a la luz de las cifras. “Tres de cada cuatro partes de nuestras exportaciones van dirigidas a la Unión Europea”, señala Roberto Ruiz. Los aranceles que impondría la UE reducirían drásticamente las ventajas del tipo de cambio de divisa.
LA ECONOMÍA ESPAÑOLA COLAPSARÍA
“España debe tanto dinero en euros que el conjunto de la economía se derrumbaría”, insiste Ruiz. “Los bancos españoles deben a otros bancos europeos y al BCE más de 400.000 millones de euros”. Así, un devaluación del 25% de la nueva moneda dispararía en 100.000 millones de euros más la deuda. “El sistema bancario español se volatizaría”. El colapso también alcanzaría a las empresas españolas, cuyos préstamos en bonos emitidos suman más de 100.000 millones de euros. La catástrofe se extendería como una epidemia por el tejido financiero europeo. “La banca alemana, que tiene créditos a bancos y empresas españoles por unos 240.000 millones de euros, quebraría por la quiebra de las entidades españolas”, relata Roberto Ruiz. “Somos muy dependientes y clientes del exterior”.
La mejora del déficit exterior apenas se notaría. “Las principales exportaciones de España son los bienes manufacturados intermedios; el aumento del coste de las importaciones traería un beneficio muy pequeño”, explica Ruiz. Tan sólo algún sector como el turismo, poco dependiente de las inversiones, podría beneficiarse de una eventual devaluación de la moneda.
MAYORES DIFICULTADES DE FINANCIACIÓN Y FUGA DE CAPITALES
“Estar fuera de la Unión Europea podría poner en peligro el rating de España y elevaría el déficit y la deuda. Se incrementaría el coste de financiación”, opina Juan Ramón Caridad, socio de Atlas Capital.
Caridad tampoco ve pocas ventajas en una salida de la moneda única. “La devaluación competitiva de la moneda podría dar oxígeno a corto plazo y permitiría más flexibilidad en los tipos”. Sin embargo provocaría un “probable aumento de la inflación” que obligaría a incrementar los tipos por encima de los europeos.
Tampoco es una buena opción la salida del euro para Marian Fernández, responsable de Estrategia de Inversis, quien descarta casi por completo esa posibilidad. La experta de Inversis alerta de una revisión a la baja del rating y del peligro de la fuga de capitales. Esta caída del rating afectaría al mercado de la renta fija. Sin embargo, “en la bolsa no hay una repercusión directa por la escasa representatividad de la bolsa con la economía española”. Aún así, Juan Ramón Caridad entiende que “en un primer momento, para el inversor extranjero la bolsa española podría perder atractivo por la divisa”.
¿HA PERJUDICADO EL EURO A ESPAÑA?
Un informe de AIG del año pasado abogaba abiertamente por el abandono del euro. El estratega jefe de Banque AIG, Bernard Connolly, consideraba que la pertenencia al euro no había sido beneficiosa para España en la época de crecimiento y constituye el mayor lastre para la salida de la crisis.
Connolly argumentaba, de manera similar a Krugman, que la pertenencia a la Unión Europea impide una mayor rebaja de los tipos de interés –competencia del BCE-; el límite de déficit presupuestario impuesto por Bruselas constriñe un aumento del gasto público o una rebaja de impuestos que, según el analista de AIG, resultarían convenientes; y una devaluación de la divisa parece impensable.
El último informe anual de la Comisión Europea sobre la moneda única europea revelaba que, desde la adopción del euro, España ha perdido un 20% de su competitividad en precios mientras que Alemania ha ganado el 13%. La actuación del BCE depende mucho más de la evolución de las economías alemana y francesa que de la española, cuya ponderación en el conjunto de la UE es mucho menor que la de las grandes locomotoras europeas.
Así, España se ha visto perjudicada por bajos tipos de interés que han propiciado un endeudamiento masivo cuando convenía una política monetaria más restrictiva. Al contrario, la probable salida de la crisis de Alemania y Francia antes que España, obligaría a una subida de tipos perjudicial para la recuperación española.
Juan Ramón Caridad admite que la política del BCE haya podido ser perjudicial para los intereses de España, aunque recuerda que nuestro país ha gozado de fondos de cohesión y otras ayudas que parecen olvidarse. Asimismo, niega que el euro haya lastrado competitividad a España en relación con Alemania: “Alemania tiene una economía muy diversificada, mientras que España depende mucho más de los bancos y la construcción”. Al contrario, en opinión del experto de Atlas, la pertenencia al euro ha permitido a España una estabilidad en la divisa de la que carecía.
También Roberto Ruiz ve más ventajas en estos años de pertenencia al euro, pese a la dependencia del BCE: “El euro amortigua los choques que han sufrido economías como la de Islandia, Letonia y Lituania”. Marian Fernández también recuerda que las divisas nórdicas sufrieron en la crisis “unas pérdidas enormes” por carecer del cobijo de una moneda como el euro.
El AJUSTE A LA BAJA DE PRECIOS Y SALARIOS, ESCENARIO PROBABLE
Los apocalípticos inconvenientes de una salida del euro dejan a España abocada a una severa devaluación de precios y salarios… o a la inmigración. Otra posibilidad, seguramente la mejor, es un absoluto cambio del modelo productivo. Como señala Marian Fernández: “Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es aprovecharlos para hacer reformas estructurales”. Pero cuando la crisis se instaló en la economía no se había acometido reforma alguna.
Así, Marian Fernández señala la necesidad de “un ajuste vía precios”, algo que ya debería haberse producido con más fuerza. La analista de Inversis considera “sorprendente” que no haya llegado una bajada más virulenta especialmente en el sector inmobiliaria.
Los cambios estructurales se han postergado y una solución de este tipo requerirá años. El Gobierno ya apuntó un viraje en el paradigma económico del país. Sin embargo, las principales medidas adoptadas han dirigido un creciente gasto público al sector de la construcción, el tradicional eje de la economía española.
Fuente: ESPAÑA, CONDENADA A LA DEFLACIÓN: LA SALIDA DEL EURO SERÍA CATASTRÓFICA – www.invertia.com
La crisis económica, que ha hecho de España una de sus víctimas propiciatorias, ha abierto el debate sobre la conveniencia de permanecer dentro de la moneda única europea. El premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, -que no considera en ningún caso la salida de España del euro- ya apuntaba en un artículo el pasado enero que la pertenencia a la moneda común estaba resultando perjudicial para nuestro país.
Esta semana, el economista estadounidense incidió en la misma cuestión al señalar que el euro “plantea problemas graves para regiones deprimidas de Europa como España”. Krugman redujo las alternativas para España a una sola: una fuerte “devaluación interna”, con recortes de salarios y precios.
Existe otra posibilidad: el abandono del euro y someter la nueva moneda a una devaluación competitiva. La salida del euro sería una catástrofe para España. Roberto Ruiz, jefe de Estrategia de Wealth Management Research de UBS se muestra contundente. Ni siquiera una devaluación competitiva de la moneda surtiría el efecto deseado de reactivación de las importaciones. La salida de la divisa única tendría que hacerse de manera unilateral ya que, como recuerda el responsable de UBS, “no hay ningún mecanismo que permita a ningún país ser expulsado del euro”.
Ganar competitividad es el único argumento para el abandono de la moneda europea. Sin embargo, el panorama resulta sombrío a la luz de las cifras. “Tres de cada cuatro partes de nuestras exportaciones van dirigidas a la Unión Europea”, señala Roberto Ruiz. Los aranceles que impondría la UE reducirían drásticamente las ventajas del tipo de cambio de divisa.
LA ECONOMÍA ESPAÑOLA COLAPSARÍA
“España debe tanto dinero en euros que el conjunto de la economía se derrumbaría”, insiste Ruiz. “Los bancos españoles deben a otros bancos europeos y al BCE más de 400.000 millones de euros”. Así, un devaluación del 25% de la nueva moneda dispararía en 100.000 millones de euros más la deuda. “El sistema bancario español se volatizaría”. El colapso también alcanzaría a las empresas españolas, cuyos préstamos en bonos emitidos suman más de 100.000 millones de euros. La catástrofe se extendería como una epidemia por el tejido financiero europeo. “La banca alemana, que tiene créditos a bancos y empresas españoles por unos 240.000 millones de euros, quebraría por la quiebra de las entidades españolas”, relata Roberto Ruiz. “Somos muy dependientes y clientes del exterior”.
La mejora del déficit exterior apenas se notaría. “Las principales exportaciones de España son los bienes manufacturados intermedios; el aumento del coste de las importaciones traería un beneficio muy pequeño”, explica Ruiz. Tan sólo algún sector como el turismo, poco dependiente de las inversiones, podría beneficiarse de una eventual devaluación de la moneda.
MAYORES DIFICULTADES DE FINANCIACIÓN Y FUGA DE CAPITALES
“Estar fuera de la Unión Europea podría poner en peligro el rating de España y elevaría el déficit y la deuda. Se incrementaría el coste de financiación”, opina Juan Ramón Caridad, socio de Atlas Capital.
Caridad tampoco ve pocas ventajas en una salida de la moneda única. “La devaluación competitiva de la moneda podría dar oxígeno a corto plazo y permitiría más flexibilidad en los tipos”. Sin embargo provocaría un “probable aumento de la inflación” que obligaría a incrementar los tipos por encima de los europeos.
Tampoco es una buena opción la salida del euro para Marian Fernández, responsable de Estrategia de Inversis, quien descarta casi por completo esa posibilidad. La experta de Inversis alerta de una revisión a la baja del rating y del peligro de la fuga de capitales. Esta caída del rating afectaría al mercado de la renta fija. Sin embargo, “en la bolsa no hay una repercusión directa por la escasa representatividad de la bolsa con la economía española”. Aún así, Juan Ramón Caridad entiende que “en un primer momento, para el inversor extranjero la bolsa española podría perder atractivo por la divisa”.
¿HA PERJUDICADO EL EURO A ESPAÑA?
Un informe de AIG del año pasado abogaba abiertamente por el abandono del euro. El estratega jefe de Banque AIG, Bernard Connolly, consideraba que la pertenencia al euro no había sido beneficiosa para España en la época de crecimiento y constituye el mayor lastre para la salida de la crisis.
Connolly argumentaba, de manera similar a Krugman, que la pertenencia a la Unión Europea impide una mayor rebaja de los tipos de interés –competencia del BCE-; el límite de déficit presupuestario impuesto por Bruselas constriñe un aumento del gasto público o una rebaja de impuestos que, según el analista de AIG, resultarían convenientes; y una devaluación de la divisa parece impensable.
El último informe anual de la Comisión Europea sobre la moneda única europea revelaba que, desde la adopción del euro, España ha perdido un 20% de su competitividad en precios mientras que Alemania ha ganado el 13%. La actuación del BCE depende mucho más de la evolución de las economías alemana y francesa que de la española, cuya ponderación en el conjunto de la UE es mucho menor que la de las grandes locomotoras europeas.
Así, España se ha visto perjudicada por bajos tipos de interés que han propiciado un endeudamiento masivo cuando convenía una política monetaria más restrictiva. Al contrario, la probable salida de la crisis de Alemania y Francia antes que España, obligaría a una subida de tipos perjudicial para la recuperación española.
Juan Ramón Caridad admite que la política del BCE haya podido ser perjudicial para los intereses de España, aunque recuerda que nuestro país ha gozado de fondos de cohesión y otras ayudas que parecen olvidarse. Asimismo, niega que el euro haya lastrado competitividad a España en relación con Alemania: “Alemania tiene una economía muy diversificada, mientras que España depende mucho más de los bancos y la construcción”. Al contrario, en opinión del experto de Atlas, la pertenencia al euro ha permitido a España una estabilidad en la divisa de la que carecía.
También Roberto Ruiz ve más ventajas en estos años de pertenencia al euro, pese a la dependencia del BCE: “El euro amortigua los choques que han sufrido economías como la de Islandia, Letonia y Lituania”. Marian Fernández también recuerda que las divisas nórdicas sufrieron en la crisis “unas pérdidas enormes” por carecer del cobijo de una moneda como el euro.
El AJUSTE A LA BAJA DE PRECIOS Y SALARIOS, ESCENARIO PROBABLE
Los apocalípticos inconvenientes de una salida del euro dejan a España abocada a una severa devaluación de precios y salarios… o a la inmigración. Otra posibilidad, seguramente la mejor, es un absoluto cambio del modelo productivo. Como señala Marian Fernández: “Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es aprovecharlos para hacer reformas estructurales”. Pero cuando la crisis se instaló en la economía no se había acometido reforma alguna.
Así, Marian Fernández señala la necesidad de “un ajuste vía precios”, algo que ya debería haberse producido con más fuerza. La analista de Inversis considera “sorprendente” que no haya llegado una bajada más virulenta especialmente en el sector inmobiliaria.
Los cambios estructurales se han postergado y una solución de este tipo requerirá años. El Gobierno ya apuntó un viraje en el paradigma económico del país. Sin embargo, las principales medidas adoptadas han dirigido un creciente gasto público al sector de la construcción, el tradicional eje de la economía española.
Fuente: ESPAÑA, CONDENADA A LA DEFLACIÓN: LA SALIDA DEL EURO SERÍA CATASTRÓFICA – www.invertia.com
Wall Street bate récords y la economía USA colapsa..¡¡¡
La fórmula de la esquizofrenia capitalista podría definirse así: Mediante el “rescate financiero”, Wall Street y las bolsas mundiales reciclan una nueva “burbuja” ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela. Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales estallan, colapsan en todas sus variables, y una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
El jueves, el mismo día que The Wall Street Journal titulaba: La pérdida de empleos supera el ritmo de la contracción económica en EEUU , Wall Street, la catedral de la especulación financiera mundial, batió su propio récord con el Dow Jones recuperando los 9.000 puntos por primera vez desde principios de enero.El alza de 2,12% del jueves (9.069,29, puntos) dejó al Dow Jones en su nivel de cierre más alto desde el 5 de noviembre, aunque todavía está 36% por debajo de su punto máximo, registrado en 2007.
El repunte que empezó el 9 de marzo, cuando el Dow alcanzó un mínimo de 12 años con 6.547,05 puntos, ya ha impulsado el promedio de las empresas más importantes más allá de los 7.000, 8.000 y 9.000, para acumular un alza de 38,5% en menos de cinco meses.
Esto representa el mayor repunte porcentual en un tiempo tan reducido desde 1975, hace 34 años. En ese entonces, el repunte se produjo en un período de dificultad económica y bursátil que duró una década.
No obstante señala The Wall Street Journal: Los escépticos advierten que el inusual repunte significa que un declive está a la vuelta de la esquina.
Aunque las ganancias corporativas han sido mejores de lo esperado, muchas compañías han advertido que la economía estadounidense sigue en problemas, afirma el Journal bajando los decibeles de la fiesta en la cubierta del Titanic imperial.
Para el vocero financiero, algunos inversionistas podrían ver la llegada del Dow a 9.000 y la aproximación del índice Standard & Poor’s 500 a los 1.000 puntos (el índice cerró el jueves en 976,29) como una buena oportunidad para vender, extraer algunas ganancias y reanalizar sus perspectivas.
Hasta ahora, sin embargo, las ganancias bursátiles han dejado perplejos a los escépticos, puntualiza el Journal apuntando a la esquizofrenia inexplicable.
En la misma línea de ponerle paños fríos a la fiebre bursátil, el economista Nouriel Roubini advirtió, en una entrevista con la cadena CNBC, que “la recuperación será fea y muy lenta”. Según sus pronósticos, “aún se va a sentir la recesión, aunque termine”. Además, vaticinó que el desempleo en EEUU, que alcanzó el récord de 9,5%, llegará al 11% en 2010. Según Roubini, es posible que se haya frenado la caída libre del sistema financiero. “Hemos visto lo peor en ese sentido”, señaló. Pero advirtió que podría haber una nueva caída “si no arreglamos los problemas de la economía”.
En general, las empresas están superando las proyecciones de los analistas en un 20,7%, en promedio, un margen mucho más amplio que en cualquier momento desde 1994, principalmente debido a que las volátiles ganancias de las empresas financieras han sido mucho más sólidas de lo previsto, señaló Thomson Reuters.
Una lectura lineal de este proceso de doble vía (burbuja bursátil y colapso paralelo de la economía real) podría inducir a pensar que la “economía de papel” (la especulación financiera) se impuso finalmente a la “economía real” (el proceso productivo) , pero esto no es así.
La crisis económica mundial, cuyo detonante fue el colapso inmobiliario del año pasado en EEUU, marcó el principio del fin de la “burbuja financiera” del capitalismo especulador sin fronteras, la reproducción del dinero por el dinero el mismo, que se desmoronó sobre las mismas lacras que inventó: El reinado del “apalancamiento financiero” (el endeudamiento sin respaldo) y la “economía de papel” fundada sobre el cadáver de la economía real.
Por falta de “efectivo” en ventanilla (para levantar los pagarés) , finalmente la “economía de papel” hizo crash, chocó contra la realidad, y comenzó a hundirse a la hora señalada ante la impotencia manifiesta de sus creadores y sostenedores: Los Estados centrales del sistema capitalista.
La filosofía especuladora del “apalancamiento” (una economía virtual montada sobre el crédito y el endeudamiento) estalló cuando la “falta de confianza” de los tenedores de bonos y acciones (el dinero de papel) los llevó a “efectivizarlos” en dinero real.
En resumen, y como resultante del proceso, los tenedores de los bonos subprime “desvalorizados” comenzaron a venderlos en masa generando un colapso generalizado (de todos los índices y acciones) de los mercados financieros en EEUU, Europa, Asia y América Latina.
Los gigantes bancarios e hipotecarios comenzaron a derrumbarse arrastrando consigo a todo el sistema financiero imperial de EEUU y de Europa.
Y llegó el “lunes negro” de septiembre de 2008 donde la quiebra del gigante Lehman Brothers marcó el principio de un salto cualitativo: La crisis hipotecaria devino finalmente en crisis del crédito caracterizada por una iliquidez pronunciada y creciente del sistema financiero.
Allí se destapó la mentira y la falta de respaldo de centenares de billones de dólares transferidos por asentamientos financieros y papeles que, cuando los tenedores quisieron convertirlos en dinero contante y sonante se encontraron con la sorpresa de que el efectivo no estaba donde debería estar: Los bancos.
Hay expertos que sostienen que un equivalente billonario a más de un PBI de EEUU y Europa juntos circula en papeles sin respaldo de la “burbuja financiera” que se generó en Wall Street en la década del noventa desparramando ganancia especulativa a escala planetaria.
Las “súper-fortunas” personales, los “súper-activos empresariales” se nutrieron de este macro-robo monumental del capitalismo financiero especulador que inventó una economía paralela: La economía de papel.
Esa economía es la que estalló junto con los macrobancos y macroempresas que lideraron el desfalco capitalista y que hoy se encuentran con sus bóvedas sobrecargadas de papeles sin valor: La chatarra de la “burbuja financiera”.
La caída del sistema del “apalancamiento financiero” (crecimiento de los negocios productivos y comerciales mediante el endeudamiento financiero sin respaldo) dejó una montaña de papeles inútiles llamados “activos tóxicos” que aún permanecen en la cartera de los bancos y empresas que controlan los sistemas financieros y económicos productivos de los países a escala global .
La “bicicleta financiera”, o rueda perversa de la especulación, dejó un cementerio de “activos tóxicos” en poder de los bancos y las empresas que había diseminado la “burbuja” a escala global.
Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre del 2008, el sistema nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la “economía de papel” terminó impactando en la “economía real”, primero en las metrópolis imperiales de EEUU y Europa, extendiéndose luego por toda la periferia “subdesarrollada” y “emergente” de Asia, África y América Latina.
¿Y si el capitalismo está en crisis como se explica la euforia bursátil de Wall Street?
En primer lugar, esta aparente esquizofrenia bursátil sin piloto que recuperó los 9.000 puntos del Dow Jones obedece a una causa lógica:
Los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros creando una “burbuja” especulativa que está haciendo subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma.
La fórmula del manicomio capitalista (actualizado a cada segundo) podría definirse así: Mediante el “rescate financiero”, Wall Street y las bolsas mundiales reciclan una nueva “burbuja” ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
El costo de este monumental negocio capitalista con la “crisis capitalista” (que ya está siendo exportado desde EEUU y Europa a los países de la periferia de Asia, África y América Latina) es financiado con el dinero de los impuestos pagados por el conjunto de la sociedad.
Se trata, en suma, de una “socialización de las pérdidas” para subsidiar un “nuevo ciclo de ganancias privadas” con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista”.
Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales estallan, colapsan en todas sus variables, y una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
En octubre pasado, las bolsas agonizaban, había estallado la confianza en la “economía de papeles” del reinado de la burbuja financiera, y las acciones se desplomaban inexorablemente mientras nadie tenía la respuesta de cual sería el piso del derrumbe.
A tal punto había llegado el descalabro y el descontrol que en Wall Street tomaban como una “victoria” que el Dow Jones cerrara perdiendo solo el 4% en vez 9% como llegó a marcar en una de aquellas jornadas.
Hasta que llegaron los “rescates financieros”, con Bush primero, y Obama después.
Mientras las economías de EEUU y la UE ingresaban en una feroz crisis recesiva con quiebre generalizado de empresas del sector industrial y comercial, con despidos laborales masivos, los poderosos conglomerados bancarios que integran el sistema de la Reserva Federal y de los bancos de las potencias centrales reciclaron una burbuja ganancial con el Estado como instrumento.
Y se produjo el efecto esquizofrénico: En tanto, desde hace tres meses, los mercados bursátiles no paran de subir, EEUU, la Unión Europea y las diez primeras economías mundiales están en recesión con baja del consumo y despidos laborales masivos.
El crédito para el consumo, la palabra clave, desapareció del mercado. Las plazas están “secas”, los bancos rehúsan prestarse entre sí, y la suba de precios + baja del consumo = desaceleración económica con desocupación, conforman el último eslabón mortal de la cadena.
En resumen, los billonarios paquetes de estímulo con fondos públicos (dinero de los impuestos) lanzados por los gobiernos centrales han ido a parar a los mercados financieros creando una “burbuja” especulativa que hace subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma con baja del consumo y despidos laborales masivos.
Por su parte, la especulación desatada con los fondos públicos impacta en el costo de los alimentos y de la energía generando inflación y profundizando la baja del consumo, retroalimentando a su vez el proceso recesivo en la economía USA, que se derrumba con todas sus variables en rojo.
El jueves, del mismo modo que lo hace el cisne antes de morir, cantó Wall Street.
No se sabe por cuanto tiempo: El virus de la crisis puede virar rápidamente hacia la pandemia social, y el lobby sionista imperial (que recicló en ganancias la crisis financiera) todavía no tiene vacuna contra las huelgas y los estallidos sociales.
Fuente: Se quemaron los libros: Wall Street bate récords y la economía USA colapsa – www.iarnoticias.com
La dictadura de los banqueros
“El poder político real es ejercido a nivel mundial por un pequeño grupo de individuos sin escrúpulos que se encuentra en EE.UU., un país gobernado por dirigentes de sociedades secretas, que coincide que son los dueños de los seis principales bancos. Este pequeño grupo dirigente constituye el cerebro que domina el mundo”.
En las manifestaciones con motivo de la huelga general del pasado 19 de marzo en Francia, la pancarta de cabecera rezaba: “El pueblo antes que los banqueros”. En EE.UU. la furia popular se ha desatado hasta el punto de que se aconseja a los dirigentes de bancos y de AIG que no salgan a la calle con nada que les pueda identificar. En Inglaterra tambien se ha desatado la caza del banquero: Fred Goodwin, consejero delegado del Royal Bank of Scotland, se halla en paradero desconocido despues de recibir amenazas. El pueblo, empobrecido y airado, empieza a identificar al enemigo.
Los ciudadanos asisten estupefactos al espectáculo de unos gobernantes que esquilman las arcas públicas para salvar a una banca que no responde ante ellos, ni ante nadie, sobre el destino del dinero que reciben; unos gobernantes que parecen impotentes o resignados ante ella. La razon de esa parálisis-sumisión es porque, en su inmensa mayoría, están puestos ahí por ella, que los coopta o financia sus campañas electorales (Sarkozy y Gordon Brown son protegidos de la banca Rostchild; y Obama está virtualmente secuestrado por Wall Street); los pocos restantes están estrechamente “vigilados”. Son los gobiernos, pues, los que responden ante la banca y no al revés. Por otra parte, los bancos centrales, supuestamente independientes, son, en realidad, tentáculos del clan banquero para consolidar su poder mundial, y tampoco responden ante nadie ni son elegidos democráticamente (el analista mexicano Alfredo Jalife Rhame se refiere a ellos como “la dictadura centralbanquista”).
No existe en las constituciones ni en los programas electorales de los países con economía de mercado ninguna ley o principio que diga que cualquier empresa privada puede quebrar excepto los grandes bancos, ya que -hayan hecho lo que hayan hecho- “son demasiado importantes para dejarlos caer”. Una declaración semejante supondría una arbitrariedad y una vulneración de las reglas de dicha economía de mercado, salvo que se considerase a los bancos rescatados como empresas semipúblicas, bajo control, por tanto, del Estado; pero en el neoliberalismo la nacionalización de la banca está, por principio, excluída. Y sin embargo el lema -no declarado- “la banca primero” ha estado como una regla de oro detrás del comportamiento de todos los gobiernos occidentales, que saquean sin pudor los fondos publicos (¿no deberían ser procesados por malversarlos?) como si el reflotamiento de la banca privada constituyese una prioridad sobre cualquier otro problema económico o social. Las reticencias para salvar a la General Motors, empresa emblemática de la industria estadounidense, contrastan con la ayuda inmediata e incondicional recibida por el Citibank, ejemplo perfecto de banster (banco ganster). Este inicuo salvamento de los victimarios con dinero de las víctimas, dejando a éstas en el más completo desamparo, no tiene precedentes en la historia de las modernas democracias y desvela que los gobiernos neoliberales son meros instrumentos de una, hasta ahora camuflada, dictadura de Los Banqueros (con mayúscula, para referirnos a la gran banca, pues la pequeña está siendo absorbida por ésta).
El crédito bancario asequible es fundamental para el funcionamiento de la economía productiva capitalista. Su corte brusco y prolongado –y la inoperancia de los gobiernos- está dejando miles de pequeñas y medianas empresas quebradas y millones de trabajadores en paro. Cuando, tras un largo rescate -el Banco de Inglaterra prevé una década de resaca bancaria- vuelva a fluir habrán desaparecido muchos de los que lo necesitaban y los daños económicos y sociales serán cuantiosos e irreversibles. La reciente reunión del G20 que, presidida por los que crearon la crisis (¡la zorra al cuidado de las gallinas!), se autoarroga la representación del planeta, mantiene el principio de “la banca primero” entre otras medidas para, previo maquillaje, reflotar el sistema y empobrecer más aún a la gente. Como dice Lyndon Larouche, las recetas del G20 “acabarán con el paciente”. Todo ello justifica el calificativo de Juan Torres López de “crimen contra la humanidad” aplicado a esta política.
Un poco de historia
La cita que encabeza este artículo corresponde a unas declaraciones hechas hace más de una década. Sin embargo, pese a la caída de Lheman Brothers (mas bién una estratégica “demolición controlada”) y la absorción de Merrill Lynch, no ha perdido actualidad: el clan de los grandes banqueros sigue siendo, básicamente, el mismo; y a la siniestra secta Bildelberg, presidida por ellos, se la señala como “gobierno mundial en la sombra”. Recientemente, Daniel Kaufman y Simón Johnson, ex economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional respectivamente, denunciaban un “golpe de Estado” de la banca estadounidense, que en la última década corrompió a los políticos para que evitasen cualquier regulación o control de su actividad, propiciando la aparición de burbujas especulativas. Pero la historia de ese “golpe” viene de mucho más atrás.
Hay que remontarse al nacimiento de la FED (Reserva Federal Estadounidense) en 1913, una asociación de bancos privados que consigue asumir en régimen de monopolio importantes prerrogativas del Estado. Previamente, en el siglo XIX , la familia europea de los Rostchild había desembarcado en EE.UU. para asociarse con John Rockefeller I y formar un poderoso lobby de grandes banqueros e industriales en aquel país. A principios del siglo XX este clan ya había instalado allí diversas sucursales de lo que llamaron Federal Reserve Banks (conocida como la FED), una asociación de bancos privados con tal capacidad de presión que en aquel año consiguió del presidente Woodrow Wilson la autorización para emitir en exclusiva papel moneda con garantía del Estado y manejar los tipos de interés. Se dice que algún presidente que trató de revertir esta insólita situación murió en el intento. Cuando, después de la segunda guerra mundial el dólar sustituye al oro y deviene moneda-patrón, el poder económico-financiero de ese grupo de banqueros privados se expande internacionalmente. Este poder se multiplica hasta convertirse en la cúpula del poder capitalista mundial cuando, a partir de la crisis de los años setenta, la economía se financieriza y liberaliza (consenso de Washington) y el capital financiero pasa a dominar toda la economía productiva.
Como decíamos en otro trabajo, todo poder económico acaba convirtiendose en un poder político. En estrecha alianza con el poderoso complejo industrial-militar, la FED, en efecto, ha acabado controlando la política interior y exterior de la potencia mas grande del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica. Ya lo predecía en el siglo XIX, con profética lucidez, uno de los padres de la patria norteamericana, Thomas Jefferson, cuando, a la vista de las intrigas de los banqueros, avisaba: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”. En esas estamos: millones de estadounidenses duermen en carpas o en automóviles en las afueras de las grandes ciudades.
Para desarmar la dictadura
Como si de un anti Robin Hood se tratara, el G20 busca, con sus recetas, perpetuar la criminal succión de riqueza de abajo hacia arriba; es decir, robar a los pobres para ayudar a los ricos. Ello nos acabaría abocando, como avisan algunos analistas, a una situación neofeudal: todos los derechos y todo el poder económico concentrado en unos pocos que someten a la servidumbre a la inmensa mayoría de la humanidad. Creen poder ahogar su previsible rebelión con sofisticadas técnicas de control social y eliminando a una buena parte de ella con un “caos controlado”. Antes de que estos nuevos señores feudales -que, como los de la Edad Media, son tambien “señores de la guerra”- lleven a cabo sus criminales propósitos y consoliden su dictadura, tenemos que derribar los pilares en que asientan su poder. Esos pilares son cinco: la erradicación de la banca pública, la red de bancos centrales seudoindependientes, los paraísos fiscales, el patrón-dólar y, en última instancia, el poder militar.
Empecemos por los más problemáticos: los paraísos fiscales fueron objeto de una condena formal en la última reunión del G20, pero, en la práctica, seguirán funcionando en los centro del poder financiero, Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, la conciencia de su carácter criminal se extiende por el mundo y, si persistimos en su denuncia, cada vez será mas difícil seguir operando con ellos. En cuanto al dólar, atraviesa también una profunda crisis (China, alarmada, pidió sustituirlo por “derechos especiales de giro” del FMI en el G20) y, a la larga, su papel es insostenible por su falta de respaldo y la proliferación de monedas regionales u otros medios de intercambio. Algunos analistas -como el citado Jalife Rhame- piensan que la banca “anglosajona-israelí” desencadenaría una tercera guerra mundial si viese la hegemonía del dólar directamente amenazada. No obstante, ésta sería inevitable con la deshumanizada mentalidad de estos banqueros-guerreros. Como dice Danielle Bleitrach, comentando un trabajo de Rémy Herrera en la revista Afrique-Asie, “las dimensiones económicas y militares de la crisis están estrechamente relacionadas: la guerra agrava los desequilibrios de la economía estadounidense que las altas finanzas tratan de resarcir por medio del saqueo y la guerra perpetua..”.
Mas viable, de forma inmediata, sería una ofensiva contra los otros dos pilares, empezando por la reivindicación de una banca pública sin ánimo de lucro y democráticamente controlada. Como decíamos al principio, la conciencia de la responsabilidad de la banca privada respecto a la grave crisis que padecemos se extiende por todos los países occidentales. La indignación no se circunscribe a las clases populares, sino que abarca también a pequeños y medianos empresarios, víctimas directas del recorte del crédito. Pese a que, previsiblemente, los gobernantes lacayos presentarán una resistencia numantina, no podrían mantenerla por mucho tiempo, pues, a medida que avance la penuria, la presión social les desbordaría: se trata simplemente de exigir que el dinero de nuestros impuestos venga en nuestra ayuda y no en la de la odiada banca. Se trata, como dice Michel Husson, de reivindicar el crédito como un servicio público. La consecución de este objetivo -para el que habría que desplegar y combinar todas las formas de movilización ciudadana- supondría un torpedo en la línea de flotación de la dictadura de Los Banqueros. Facilitaría, además, la ofensiva contra los bancos centrales “independientes”, con los cuales una banca nacionalizada devendría incompatible; y, posteriormente, contra los paraísos fiscales y los gastos militares. En la UE esta movilización debería hacerse en dos frentes, el nacional, el europeo; para intentar coordinarse después con EU, donde la indignación ciudadana es aún mayor.
Decía recientemente el ex congresista y ex candidato presidencial Ron Paul, uno de los pocos políticos estadounidenses que se ha pronunciado por el cierre de la FED, afirmando que es una organización secreta insconstitucional: “Nos acercamos no a un fascismo al estilo Hitler, sino a otro de apariencia más suave, que se manifiesta en la pérdida gradual de libertades civiles, en el que las corporaciones lo dirigen todo... y el gobierno está en la misma cama con el gran dinero”. Le faltó señalar una similitud con el hitleriano: con una confianza ciega en su siniestra “agenda oculta”, este neofascismo sueña también con un imperio que dure mil años. Pero como aquél -y como todos los imperios- nos llevará, si no lo desarmamos, a un escenario de barbarie y destrucción.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
En las manifestaciones con motivo de la huelga general del pasado 19 de marzo en Francia, la pancarta de cabecera rezaba: “El pueblo antes que los banqueros”. En EE.UU. la furia popular se ha desatado hasta el punto de que se aconseja a los dirigentes de bancos y de AIG que no salgan a la calle con nada que les pueda identificar. En Inglaterra tambien se ha desatado la caza del banquero: Fred Goodwin, consejero delegado del Royal Bank of Scotland, se halla en paradero desconocido despues de recibir amenazas. El pueblo, empobrecido y airado, empieza a identificar al enemigo.
Los ciudadanos asisten estupefactos al espectáculo de unos gobernantes que esquilman las arcas públicas para salvar a una banca que no responde ante ellos, ni ante nadie, sobre el destino del dinero que reciben; unos gobernantes que parecen impotentes o resignados ante ella. La razon de esa parálisis-sumisión es porque, en su inmensa mayoría, están puestos ahí por ella, que los coopta o financia sus campañas electorales (Sarkozy y Gordon Brown son protegidos de la banca Rostchild; y Obama está virtualmente secuestrado por Wall Street); los pocos restantes están estrechamente “vigilados”. Son los gobiernos, pues, los que responden ante la banca y no al revés. Por otra parte, los bancos centrales, supuestamente independientes, son, en realidad, tentáculos del clan banquero para consolidar su poder mundial, y tampoco responden ante nadie ni son elegidos democráticamente (el analista mexicano Alfredo Jalife Rhame se refiere a ellos como “la dictadura centralbanquista”).
No existe en las constituciones ni en los programas electorales de los países con economía de mercado ninguna ley o principio que diga que cualquier empresa privada puede quebrar excepto los grandes bancos, ya que -hayan hecho lo que hayan hecho- “son demasiado importantes para dejarlos caer”. Una declaración semejante supondría una arbitrariedad y una vulneración de las reglas de dicha economía de mercado, salvo que se considerase a los bancos rescatados como empresas semipúblicas, bajo control, por tanto, del Estado; pero en el neoliberalismo la nacionalización de la banca está, por principio, excluída. Y sin embargo el lema -no declarado- “la banca primero” ha estado como una regla de oro detrás del comportamiento de todos los gobiernos occidentales, que saquean sin pudor los fondos publicos (¿no deberían ser procesados por malversarlos?) como si el reflotamiento de la banca privada constituyese una prioridad sobre cualquier otro problema económico o social. Las reticencias para salvar a la General Motors, empresa emblemática de la industria estadounidense, contrastan con la ayuda inmediata e incondicional recibida por el Citibank, ejemplo perfecto de banster (banco ganster). Este inicuo salvamento de los victimarios con dinero de las víctimas, dejando a éstas en el más completo desamparo, no tiene precedentes en la historia de las modernas democracias y desvela que los gobiernos neoliberales son meros instrumentos de una, hasta ahora camuflada, dictadura de Los Banqueros (con mayúscula, para referirnos a la gran banca, pues la pequeña está siendo absorbida por ésta).
El crédito bancario asequible es fundamental para el funcionamiento de la economía productiva capitalista. Su corte brusco y prolongado –y la inoperancia de los gobiernos- está dejando miles de pequeñas y medianas empresas quebradas y millones de trabajadores en paro. Cuando, tras un largo rescate -el Banco de Inglaterra prevé una década de resaca bancaria- vuelva a fluir habrán desaparecido muchos de los que lo necesitaban y los daños económicos y sociales serán cuantiosos e irreversibles. La reciente reunión del G20 que, presidida por los que crearon la crisis (¡la zorra al cuidado de las gallinas!), se autoarroga la representación del planeta, mantiene el principio de “la banca primero” entre otras medidas para, previo maquillaje, reflotar el sistema y empobrecer más aún a la gente. Como dice Lyndon Larouche, las recetas del G20 “acabarán con el paciente”. Todo ello justifica el calificativo de Juan Torres López de “crimen contra la humanidad” aplicado a esta política.
Un poco de historia
La cita que encabeza este artículo corresponde a unas declaraciones hechas hace más de una década. Sin embargo, pese a la caída de Lheman Brothers (mas bién una estratégica “demolición controlada”) y la absorción de Merrill Lynch, no ha perdido actualidad: el clan de los grandes banqueros sigue siendo, básicamente, el mismo; y a la siniestra secta Bildelberg, presidida por ellos, se la señala como “gobierno mundial en la sombra”. Recientemente, Daniel Kaufman y Simón Johnson, ex economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional respectivamente, denunciaban un “golpe de Estado” de la banca estadounidense, que en la última década corrompió a los políticos para que evitasen cualquier regulación o control de su actividad, propiciando la aparición de burbujas especulativas. Pero la historia de ese “golpe” viene de mucho más atrás.
Hay que remontarse al nacimiento de la FED (Reserva Federal Estadounidense) en 1913, una asociación de bancos privados que consigue asumir en régimen de monopolio importantes prerrogativas del Estado. Previamente, en el siglo XIX , la familia europea de los Rostchild había desembarcado en EE.UU. para asociarse con John Rockefeller I y formar un poderoso lobby de grandes banqueros e industriales en aquel país. A principios del siglo XX este clan ya había instalado allí diversas sucursales de lo que llamaron Federal Reserve Banks (conocida como la FED), una asociación de bancos privados con tal capacidad de presión que en aquel año consiguió del presidente Woodrow Wilson la autorización para emitir en exclusiva papel moneda con garantía del Estado y manejar los tipos de interés. Se dice que algún presidente que trató de revertir esta insólita situación murió en el intento. Cuando, después de la segunda guerra mundial el dólar sustituye al oro y deviene moneda-patrón, el poder económico-financiero de ese grupo de banqueros privados se expande internacionalmente. Este poder se multiplica hasta convertirse en la cúpula del poder capitalista mundial cuando, a partir de la crisis de los años setenta, la economía se financieriza y liberaliza (consenso de Washington) y el capital financiero pasa a dominar toda la economía productiva.
Como decíamos en otro trabajo, todo poder económico acaba convirtiendose en un poder político. En estrecha alianza con el poderoso complejo industrial-militar, la FED, en efecto, ha acabado controlando la política interior y exterior de la potencia mas grande del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica. Ya lo predecía en el siglo XIX, con profética lucidez, uno de los padres de la patria norteamericana, Thomas Jefferson, cuando, a la vista de las intrigas de los banqueros, avisaba: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”. En esas estamos: millones de estadounidenses duermen en carpas o en automóviles en las afueras de las grandes ciudades.
Para desarmar la dictadura
Como si de un anti Robin Hood se tratara, el G20 busca, con sus recetas, perpetuar la criminal succión de riqueza de abajo hacia arriba; es decir, robar a los pobres para ayudar a los ricos. Ello nos acabaría abocando, como avisan algunos analistas, a una situación neofeudal: todos los derechos y todo el poder económico concentrado en unos pocos que someten a la servidumbre a la inmensa mayoría de la humanidad. Creen poder ahogar su previsible rebelión con sofisticadas técnicas de control social y eliminando a una buena parte de ella con un “caos controlado”. Antes de que estos nuevos señores feudales -que, como los de la Edad Media, son tambien “señores de la guerra”- lleven a cabo sus criminales propósitos y consoliden su dictadura, tenemos que derribar los pilares en que asientan su poder. Esos pilares son cinco: la erradicación de la banca pública, la red de bancos centrales seudoindependientes, los paraísos fiscales, el patrón-dólar y, en última instancia, el poder militar.
Empecemos por los más problemáticos: los paraísos fiscales fueron objeto de una condena formal en la última reunión del G20, pero, en la práctica, seguirán funcionando en los centro del poder financiero, Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, la conciencia de su carácter criminal se extiende por el mundo y, si persistimos en su denuncia, cada vez será mas difícil seguir operando con ellos. En cuanto al dólar, atraviesa también una profunda crisis (China, alarmada, pidió sustituirlo por “derechos especiales de giro” del FMI en el G20) y, a la larga, su papel es insostenible por su falta de respaldo y la proliferación de monedas regionales u otros medios de intercambio. Algunos analistas -como el citado Jalife Rhame- piensan que la banca “anglosajona-israelí” desencadenaría una tercera guerra mundial si viese la hegemonía del dólar directamente amenazada. No obstante, ésta sería inevitable con la deshumanizada mentalidad de estos banqueros-guerreros. Como dice Danielle Bleitrach, comentando un trabajo de Rémy Herrera en la revista Afrique-Asie, “las dimensiones económicas y militares de la crisis están estrechamente relacionadas: la guerra agrava los desequilibrios de la economía estadounidense que las altas finanzas tratan de resarcir por medio del saqueo y la guerra perpetua..”.
Mas viable, de forma inmediata, sería una ofensiva contra los otros dos pilares, empezando por la reivindicación de una banca pública sin ánimo de lucro y democráticamente controlada. Como decíamos al principio, la conciencia de la responsabilidad de la banca privada respecto a la grave crisis que padecemos se extiende por todos los países occidentales. La indignación no se circunscribe a las clases populares, sino que abarca también a pequeños y medianos empresarios, víctimas directas del recorte del crédito. Pese a que, previsiblemente, los gobernantes lacayos presentarán una resistencia numantina, no podrían mantenerla por mucho tiempo, pues, a medida que avance la penuria, la presión social les desbordaría: se trata simplemente de exigir que el dinero de nuestros impuestos venga en nuestra ayuda y no en la de la odiada banca. Se trata, como dice Michel Husson, de reivindicar el crédito como un servicio público. La consecución de este objetivo -para el que habría que desplegar y combinar todas las formas de movilización ciudadana- supondría un torpedo en la línea de flotación de la dictadura de Los Banqueros. Facilitaría, además, la ofensiva contra los bancos centrales “independientes”, con los cuales una banca nacionalizada devendría incompatible; y, posteriormente, contra los paraísos fiscales y los gastos militares. En la UE esta movilización debería hacerse en dos frentes, el nacional, el europeo; para intentar coordinarse después con EU, donde la indignación ciudadana es aún mayor.
Decía recientemente el ex congresista y ex candidato presidencial Ron Paul, uno de los pocos políticos estadounidenses que se ha pronunciado por el cierre de la FED, afirmando que es una organización secreta insconstitucional: “Nos acercamos no a un fascismo al estilo Hitler, sino a otro de apariencia más suave, que se manifiesta en la pérdida gradual de libertades civiles, en el que las corporaciones lo dirigen todo... y el gobierno está en la misma cama con el gran dinero”. Le faltó señalar una similitud con el hitleriano: con una confianza ciega en su siniestra “agenda oculta”, este neofascismo sueña también con un imperio que dure mil años. Pero como aquél -y como todos los imperios- nos llevará, si no lo desarmamos, a un escenario de barbarie y destrucción.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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